Sandbox: Llega el oasis de las fintech

Ha pasado prácticamente inadvertido en medio de la vorágine sanitaria y de la bronca política que estamos viviendo, pero se trata de la mayor innovación financiera que se ha llevado a cabo en los últimos años. Además, todos los grupos políticos lo aprobaron por unanimidad, sin ningún voto en contra, lo cual no deja de ser también sorprendente.

Tras varios meses de retraso a causa de la inestabilidad política, el Congreso dio vía libre el pasado 17 de septiembre al denominado Sandbox, un espacio de pruebas controlado para facilitar que las fintech y las insurtech desarrollen sus proyectos tecnológicos de innovación con una supervisión especial. Los Sandbox permiten el desarrollo de nuevos modelos de negocio que aún no están regulados ni supervisados por las autoridades financieras.

Para entender el concepto, podemos imaginarnos que los Uber, Cabify o Airbnb en lugar de irrumpir de golpe en el mercado como elefante en cacharrería hubieran puesto en marcha proyectos piloto bajo la supervisión de las autoridades antes de lanzarse al mercado. De este modo se hubieran evitado muchos choques de trenes como los se han producido entre estas compañías con taxistas y hoteleros.

¿Qué significa Sandbox? La palabra quiere decir literalmente ‘caja de arena’. Se asemejaría a aquellos areneros en los que jugábamos de niños cuando no teníamos ni móvil ni PSP. Construíamos carreteras con las manos para hacer carreras de chapas y nos imponíamos unas reglas (nuestra chapa no podía chocar con la del compañero) que bien podrían haber servido de campo de pruebas para la regulación de las carreras de coches.

El Sandbox que acaba de aprobar el Congreso es bastante más complejo porque se trata de operar en el mundo financiero que está muy regulado por las autoridades dado el papel vital que tiene este sector en el funcionamiento de la economía. Las estrictas exigencias regulatorias frenan en muchas ocasiones las innovaciones, que es lo se trata de impulsar con esta nueva Ley de Transformación Digital del Sistema Financiero. Se trata de crear un ámbito regulatorio en el que experimentar, ya que los avances digitales van mucho más rápidos que la legislación, que se va quedando obsoleta conforme van apareciendo negocios disruptivos.

A partir de ahora se permitirá probar proyectos innovadores de base tecnológica en el ámbito financiero, con usuarios reales, bajo el control y supervisión de la autoridad competente durante un tiempo determinado (inicialmente seis meses, sujeto a posible renovación) y con unos requisitos específicos. La nueva ley protege al consumidor, mantiene la estabilidad financiera y la integridad de los mercados, e impide la utilización del sistema financiero con fines como el blanqueo de capitales o la financiación del terrorismo. Sería algo similar a lo que son los ensayos clínicos en el campo de la salud.

Esto no sólo afecta a los emprendedores del sector fintech, sino que las grandes corporaciones -Santander, BBVA, Mapfre, Mutua…- también pueden encontrar en el Sandbox una forma de lanzar nuevos productos financieros que mejoren el servicio a sus clientes o que den respuesta a nuevas necesidades de los consumidores. Es fácil imaginar que el desarrollo digital que está viviendo la sociedad española abre un gran abanico de oportunidades de negocio en todos los campos, también en el financiero.

Para poder acogerse al Sandbox, los proyectos tienen que cumplir varios requisitos. Que se trate de proyectos innovadores aplicables en el sistema financiero, que supongan realmente un importante avance, que aporten valor añadido mejorando la calidad de los productos o servicios financieros, y que contribuyan a una mayor eficiencia de los mercados.

La puesta en marcha de estos proyectos innovadores puede servir para simplificar la legislación existente, eliminar barreras y duplicidades innecesarias, establecer procedimientos más ágiles y minimizar muchas de las cargas administrativas con las que se encuentran las entidades financieras. Se trata también de que las BigTech, las fintech de nueva creación y «las entidades financieras arraigadas» -que es como la ley denomina a la banca tradicional- concurran en el mercado con igual regulación para igual actividad y riesgos.

Imaginemos que una fintech diseña un tipo de hipoteca totalmente novedosa. Presenta el proyecto y un comité en el que están los tres supervisores financieros -Banco de España, CNMV y Dirección General de Seguros- analiza el modelo de negocio, le da vía libre y designa monitores para su seguimiento. Tras superar las pruebas pertinentes, ofrecen a la fintech una pasarela para que la nueva hipoteca sea autorizada y pueda entrar por la puerta grande en el mercado financiero. Quizás la única pega es que de alguna manera nos encontraríamos con que los supervisores se convertirían en seleccionadores de los nuevos operadores del mercado, lo que no parece que sea muy ortodoxo.

Son muchas las cuestiones que habrá que dilucidar para el desarrollo del Sandbox, pero no cabe duda de que España tiene una buena oportunidad para situarse como un referente en innovación financiera y de seguros a nivel mundial. Los expertos calculan que su puesta en marcha podría generar en los próximos dos años más de 5.000 empleos y atraer inversiones, tanto nacionales como internacionales, de más de 1.000 millones de euros.

Con esta nueva legislación, España se sitúa en la vanguardia europea, ya que sólo seis países han creado bancos de pruebas similares: Reino Unido, Dinamarca, Holanda, Polonia, Lituania y Suiza. Ahora hace falta que las autoridades aceleren los trámites para su desarrollo porque ya hay varios proyectos preparados para tramitar su entrada en el Sandbox español.

Fuentes: expansion.com (Manuel del Pozo)

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